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 La mala digestión

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MensajeTema: La mala digestión   Dom 19 Dic 2010 - 16:44

La mala digestión


La dispepsia o mala digestión es común y altera nuestra calidad de vida; puede resultar bastante molesta y convertirse en una pesada carga. Puede ser orgánica o funcional, según sus orígenes. La Real Academia de la Lengua define la dispepsia como “la digestión laboriosa e imperfecta de carácter crónico”. Esta definición se basa en que etimológicamente el término dispepsia proviene de las palabras griegas “dys” (malo o difícil) y“pepto” (digerir). Por lo tanto, su significado estricto sería “mala digestión.” La dispepsia identifica a una serie de dolores y molestias en la zona abdominal similares a la indigestión, explicó el Dr. Osvaldo Laterza, gastroenterólogo. Puede producirse de forma ocasional y aislada, pero en ocasiones se prolonga en el tiempo, y con una distribución similar entre hombres y mujeres. Los síntomas pueden ser muy variados y adoptar diversas formas clínicas. Lo más característico de la dispepsia es el dolor o molestia en la parte alta del abdomen o por detrás del esternón. Es una sensación dolorosa que puede empezar por la mañana, cuando la persona se levanta, y que en ocasiones no se alivia con nada. Hay también sensación de plenitud, de hinchazón abdominal después de las comidas y que además se acentúa con las comidas grasas. Con frecuencia los dispépticos presentan ardor de estómago, pirosis, y no es infrecuente que tengan sensación nauseosa matutina, a veces con vómitos que no producen alivio. Muchos sufren pérdida de apetito.

No todos los dispépticos tienen los mismos síntomas. En unos predomina el dolor nocturno que se calma con la ingesta de alimentos, lo que asemeja a la úlcera gástrica. En otros son más acusados la sensación de hinchazón, los eructos y los movimientos deglutorios frecuentes, como si se tratase de una aerofagia. Otro grupo presenta molestias retroesternales, los ardores, la sensación de tener un nudo detrás del esternón, una sintomatología muy similar a la del reflujo gastroesofágico.

Los tipos de dispepsia

En la actualidad, y de acuerdo con los criterios establecidos en el congreso de gastroenterología de 1999 celebrado en Roma, la dispepsia se define como cualquier dolor o molestia localizada en la parte superior y central del abdomen. Se ha establecido una clasificación de dos tipos -orgánica o funcional- en relación a su origen. En la orgánica también llamada dispepsia ulcerosa hay una causa clara, identificada, que puede producir los síntomas: como ser una gastritis, una úlcera gástrica o duodenal, reflujo gastroesofágico, la toma de medicamentos irritantes como los antiinflamatorios (AINES) o la aspirina, etc.

En la funcional también llamada dispepsia no ulcerosa no hay ninguna enfermedad orgánica que justifique la sintomatología y todo es normal, de acuerdo a los exámenes practicados al paciente, pero los síntomas que presenta son similares a los observados en aquellos con causa orgánica. En la mayoría de estos casos existe un factor emocional o psíquico que causa los síntomas: a esto se llama somatización. Es así que ciertos profesionales catalogan de “dispépticos” a aquellos pacientes en los que no encuentran una explicación razonable de sus molestias o, más especialmente, cuando les atribuyen un origen psicológico.

Su tratamiento

Establecido el diagnóstico, surge la dificultad de fijar un tratamiento para una afección de la que se desconocen las causas. Hay que aclarar que muchos pacientes no precisan ningún tratamiento farmacológico y que no hay una terapia específica para esta dolencia. Esta realidad no es asumida por muchos dispépticos que piensan que “tiene que haber algo”. Una completa y detallada explicación del origen de las molestias y el buen pronóstico de la enfermedad por el médico es una buena terapia. En ocasiones el tratamiento puede ser desalentador. A pesar de todas las medidas adoptadas y de los fármacos suministrados, el alivio puede ser escaso.

Recomendaciones generales

Algunas pautas para los pacientes con dispepsia funcional son:

Evitar el tabaco, el alcohol y los fármacos antiinflamatorios que casi siempre tienen un efecto irritativo sobre las mucosas del tractogastrointestinal. El café y la menta son mal tolerados por algunos dispépticos.
Evitar los chicles, ya que pueden causar ingestión de aire (aerofagia).

Comer despacio, masticar bien e ingerir poco líquido durante la comida para favorecer el procesamiento gástrico de los alimentos y facilitar la digestión. Es fundamental comer sin prisas, destinar tiempo para hacerlo con tranquilidad y evitar las situaciones de estrés, agitación y ejercicio físico, antes y después de las comidas.

Comer con frecuencia y en pequeñas cantidades favorece el vaciamiento gástrico.

Evitar los alimentos excesivamente grasos así como los picantes, las especias y el exceso de fibra.

La sintomatología puede exacerbarse con los estados de estrés o tensión. Además, la dispepsia se da con más frecuencia en personas con ansiedad, neurosis, depresión, por lo que la psicoterapia de apoyo puede ser eficaz.

La actividad física regular, diaria, de por lo menos 40 minutos al día, es muy eficaz ya que controla el estrés y mejora el ánimo.

Respecto al tratamiento farmacológico, hay que tener presente que debe ser individualizado según la sintomatología predominante.

En algunos casos pueden ir bien los fármacos procinéticos, como el levosulpiride o la cinitaprida, que mejoran el vaciamiento gástrico; en otros, los antiácidos locales o, mejor aun, los inhibidores de la secreción del ácido gástrico, como el omeprazol o la ranitidina y también los protectores de la mucosa gastroduodenal como el sucralfato. En ciertos casos el uso de ansiolíticos suaves combinado con los anteriores pueden dar buenos resultados.

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